martes, 27 de febrero de 2007

Respiro

Respiro porque te siento,
te siento porque te anhelo,
te anhelo porque te quiero,
te quiero porque…
no sé por qué aún te quiero.
Quizás porque te añoro,
te añoro porque te recuerdo,
te recuerdo porque te quiero,
te quiero porque…
no sé por qué te quiero
pero si sé que es el motivo
por el que aún respiro.

domingo, 25 de febrero de 2007

The end

Fin de esta serie de frases de películas

Conoces a Joe Black?

"El amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. ¡Pierde la cabeza!. Encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Pues...olvida el intelecto y escucha al corazón. Porque lo cierto es que vivir sin eso no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad... en fin, es como no haber vivido. Tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no habrás vivido".

American History X

"No somos enemigos sino amigos, no debemos ser enemigos. Si bien la pasión puede tensar nuestros lazos de afecto jamás debe romperlos. Las místicas cuerdas del recuerdo resonarán cuando vuelvan a sentir el tacto del buen ángel que llevamos dentro".

El diario de Noah


"El mejor tipo de amor es aquel que despierta el alma y nos hace aspirar a más, nos enciende el corazón y nos trae paz a la mente. Eso es lo que tú me has dado y lo que yo esperaba darte siempre".

sábado, 24 de febrero de 2007

+ cine

De la película Princesas

"Existimos porque alguien piensa en nosotros, y no al revés".

"No me importa que al morir no haya otra vida, lo que me preocuparía es que si hubiera otra fuera igual que esta".


"Es rara, no? la nostalgia...Porque tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las hechas de menos. Yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada, porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para poder echarlo de menos...eso si que es una putada. ¿Se podrá tener nostalgia de algo que aun no te ha pasado? Porque a mí a veces me pasa. Me pasa que me imagino como van a ser las cosas, con los chicos por ejemplo o con la vida en general, y luego me da pena cuando me acuerdo de lo bonitas que iban a ser, porque iban a ser preciosas...y luego cuando lo pienso me da nostalgia cuando me doy cuenta de que aun no han pasado y que a lo mejor no pasan nunca...me pongo súper triste, pero es como una tristeza a cuenta, como la fianza de cuando alquilas una casa, pero con tristeza, que la pones por delante, porque total, sabes que la vas a acabar utilizando igual...".

viernes, 23 de febrero de 2007

En el cine

Alguna frase de la película Mar adentro

"Mar adentro, mar adentro. Y en la ingravidez del fondo, donde se cumplen los sueños. Se unen tantas voluntades para cumplir un deseo. Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno. Y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo. Es como penetrar al centro del universo. El abrazo más pueril y el más puro de los besos, hasta vernos reducidos en un único deseo. Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo sin palabras: más adentro, más adentro. Hasta el más allá del todo por la sangre y por los huesos. Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto. Para seguir con mi boca enredada en tus cabellos".

"Sólo hay una cosa peor que se te muera un hijo: que se te quiera morir"

martes, 20 de febrero de 2007

Distancia

En cierta ocasión leí una historia que relataba cómo dos personas que se querían tenían que separarse. Así de cruel es la vida en ocasiones. Habían sido todo el uno para el otro. Extraños, conocidos, confidentes, amantes, amigos. Ahora la distancia sería difícil de llevar. Acordaron una manera para que aún estando lejos si se necesitaban en cualquier momento se sintieran unidos de nuevo. Eligieron una estrella. La más brillante de todas, que no la más hermosa pues esa era difícil elección. Así cuando alguno de ellos tuviera un momento de tristeza, melancolía, abatimiento… sólo tendría que salir a contemplar el firmamento y buscarla allí arriba, esperándole. El otro haría lo mismo, y la magia se encargaría del resto, los juntaría de nuevo fuera cual fuera la distancia.

Yo contigo no pacté nada, pero cada noche saldré en búsqueda de la estrella deseando que tú, estés donde estés, hagas lo mismo y la distancia que nos separa desaparezca. Te añoro.

miércoles, 14 de febrero de 2007

martes, 13 de febrero de 2007

Cupido

Cupido existe. Por lo menos he sentido su flechazo. Esto no quiere decir que esté contento con él, pero tampoco enfadado, aunque en estos tiempos que corren fácil sería ponerle una demanda. Conmigo cometió un error, me disparó a mi primero. Aún así le he perdonado pues sé del motivo por el cual no pudo alcanzar con su flecha a la persona por mi deseada. Fue por su hermosura y al igual que le ocurrió con Psique no pudo permitir que su amor fuera para el más horrendo de los monstruos, aunque esta vez no fuera encargo de Venus. Aún estoy intentando sacar la flecha, pero creo que desistiré de hacerlo. Más miedo tengo a la cicatriz que su extracción pueda producir, que a seguir enamorado de la más preciosa e increíble de las mortales que nunca pude imaginar, a pesar que ni de su belleza ni de su compañía podré volver a disfrutar. Confiando que algún día los dioses me ayuden aunque piense que deben estar locos.



Fábula de Cupido y Psique:

“En una ciudad de Grecia había un rey y una reina que tenían tres hijas. Las dos primeras eran hermosas. Para ensalzar la belleza de la tercera, llamada Psique, no es posible hallar palabras en el lenguaje humano. Tan hermosa era que sus conciudadanos, y un buen número de extranjeros, acudían a admirarla. Incluso dieron en compararla a la propia Venus, y no advirtieron que, al descuidar los ritos debidos a esta diosa, tal vez estaban atrayendo sobre la bella y bondadosa joven un destino funesto.
Venus, la diosa que está en el origen de todos los seres, herida en su orgullo, encargó a su hijo Cupido: “Haz que Psique se inflame de amor por el más horrendo de los monstruos” y, dicho esto, se sumergió en el mar con su cortejo de nereidas y delfines.
Psique, con el correr del tiempo, fue conociendo el precio amargo de su hermosura. Sus hermanas mayores se habían casado ya, pero nadie se había atrevido a pedir su mano: al fin y al cabo, la admiración es vecina del temor… Sus padres consultaron entonces al oráculo: “A lo más alto contestó: la llevarás del monte, donde la desposará un ser ante el que tiembla el mismo Júpiter”. El corazón de los reyes se heló, y donde antes hubo loas, todo fueron lágrimas por la suerte fatal de la bella Psique. Ella, sin embargo, avanzó decidida al encuentro de la desdicha. Sobre un lecho de roca quedó muerta de miedo Psique, en lo alto del monte, mientras el fúnebre cortejo nupcial se retiraba. En estas que se levantó un viento, se la llevó en volandas y la depositó suavemente en una pradera cuajada en flor. Tras el estupor inicial Psique se adormeció.
Al despertar, la joven vio junto al prado una fuente, y más allá un palacio. Entró en él y quedó asombrada por la factura del edificio y sus estancias; su asombro creció cuando unas voces angélicas la invitaron a comer de espléndidos platos y a acostarse en un lecho. Cayó entonces la noche, y en la oscuridad sintió Psique un rumor. Pronto supo que su secreto marido se había deslizado junto a ella. La hizo suya, y partió antes del amanecer. Pasaron los días por la soledad de Psique, y con ellos sus noches de placer. En una ocasión su desconocido marido le advirtió: “Psique, tus hermanas querrán perderte y acabar con nuestra dicha”. “Mas añoro mucho su compañía ­dijo ella entre sollozos­. Te amo apasionadamente, pero querría ver de nuevo a los de mi sangre”. “Sea “, contestó el marido, y al amanecer se escurrió una vez más de entre sus brazos. De día aparecieron junto a palacio sus hermanas y le preguntaron, envidiosas, quién era su rico marido. Ella titubeó, dijo que un apuesto joven que ese día andaba de caza y, para callar su curiosidad, las colmó de joyas. Poco antes de que anocheciera, Psique tranquilizó a sus hermanas y las despidió hasta otra ocasión.
Con el tiempo, y como no podía ser de otra forma, Psique quedó encinta. Pidió entonces a su marido que hiciera llegar a sus hermanas de nuevo, ya que quería compartir con ellas su alegría. Él rezongó pero, tras cruzar parecidas razones, acabó accediendo. Al día siguiente llegaron junto a palacio sus hermanas. Felicitaron a Psique, la llenaron de besos y de nuevo le preguntaron por su marido. “Está de viaje, es un rico mercader, y a pesar de su avanzada edad…” Psique se sonrojó, bajó la cabeza y acabó reconociendo lo poco que conocía de él, aparte de la dulzura de su voz y la humedad de sus besos… “Tiene que ser un monstruo “, dijeron ellas, aparentemente horrorizadas, “la serpiente de la que nos han hablado. Has de hacer, Psique, lo que te digamos o acabará por devorarte”. Y la ingenua Psique asintió. “Cuando esté dormido ­dijeron las hermanas­, coge una lámpara y este cuchillo y córtale la cabeza”. Enseguida partieron, y dejaron sumida a Psique en un mar de turbaciones. Pero cayó la noche, llegó con ella el amor que acostumbraba y, tras el amor, el sueño. La curiosidad y el miedo tiraban de Psique, que se revolvía entre las sábanas. Decidida a enfrentar al destino, sacó por fin de bajo la cama el cuchillo y una lámpara de aceite. La encendió y la acercó despacio al rostro de su amor dormido. Era… el propio dios Cupido, joven y esplendoroso: unos mechones dorados acariciaban sus mejillas, en el suelo el carcaj con sus flechas. La propia lámpara se avivó de admiración; la lámpara, sí, y una gota encendida de su aceite cayó sobre el hombro del dios, que despertó sobresaltado. Al ver traicionada su confianza, Cupido se arrancó de los brazos de su amada y se alejó mudo y pesaroso. En la distancia se volvió y dijo a Psique: “Llora, sí. Yo desobedecí a mi madre Venus desposándote. Me ordenó que te venciera de amor por el más miserable de los hombres, y aquí me ves. No pude yo resistirme a tu hermosura. Y te amé… Que te amé, tú lo sabes. Ahora el castigo a tu traición será perderme”. Y dicho esto se fue.
Quedó Psique desolada y se dedicó a vagar por el mundo buscando recuperar, inútilmente, el favor de los dioses: la cólera de Venus la perseguía. La diosa finalmente dio con ella, menospreció el embarazo de la joven, le dio unos cuantos sopapos y la encerró con sus sirvientas Soledad y Tristeza.
El caso es que Venus decidió someter a Psique a varias pruebas, convencida de que no podría superarlas; mas acudieron en ayuda de la joven las compasivas hormigas, las cañas de los ríos y las aves del cielo. La última prueba, en cambio, fue la más terrible: Psique bajó a los infiernos en busca de una cajita que contenía hermosura divina. En el camino de regreso, sin embargo, quiso ella misma ponerse un poco y, al abrir la caja, un sueño insoportable se abatió sobre ella. Y habría muerto, de no ser porque Cupido, su loco enamorado, acudió a despertarla: “Lleva rápidamente la cajita a mi madre, que yo intentaré arreglarlo todo” dijo, y se fue volando.
En la morada de los dioses, a petición de Cupido, Zeus determinó que los amantes podían vivir juntos. Así que Hermes raptó a Psique y la llevó al cielo, donde se hizo inmortal. Y fueron juntos felices Cupido y Psique y a su debido tiempo tuvieron una niña a la que en la tierra llamamos Voluptuosidad”.



Pertenece a “La metamorfosis o El asno de oro” de Apuleyo.



viernes, 9 de febrero de 2007

Vacío

Las lágrimas se empeñan en partir
y evidencian este vacío sin ti.
No ha pasado ni una semana
y he perdido una vida entera.

martes, 6 de febrero de 2007

Triste final

Esta historia es muy cercana, y he querido ser fiel al día que la escribí y como tal publicarla, aún sabiendo que es difícil y que ni el tiempo ni el destino los volverá a juntar.
Pese a todo la esperanza es lo último que se pierde.


Hay veces que el destino nos depara lo que menos podemos esperar. En esta historia cómo una pancreatitis aguda y el comienzo de unas prácticas de enfermería hizo que dos personas se conocieran. Ese fue el inicio de una hermosa amistad, que tuvo su primera conversación en la sala de TV de la planta baja derecha y no porque quisieran ver la tele, que permaneció apagada, sino porque aquellas almas estaban destinadas a ayudarse.
Los encuentros continuaron, eso si a través de las nuevas tecnologías que tanto ayudan a mantener el contacto, pero un contacto algo engañoso, pues no tiene el aura del encuentro cara a cara y del cruce de miradas, uno de los momentos más intensos que por mucho que avancen los tiempos será insustituible. A pesar de todo fue una amistad sincera y pura, basada en la confianza mutua; se contaron mucho, se contaron todo. Demasiado bonito para ser cierto, y como nada es perfecto alguien tuvo que equivocarse y a veces enamorarse es el mayor error, sobre todo cuando la persona que ama no está preparada para hacerlo, no es correspondido y realmente no lo supera, y consigue que la amistad se vaya apagando hasta hacerse la oscuridad.
Ellos estén donde estén han llorado demasiado por ello, y aunque llorar es bueno en ocasiones, al fin y al cabo es lo primero que hacemos al nacer, duele. Cuando se llora lo de menos son las lágrimas, lo importante es el sentimiento que va por dentro y en este caso era mucho por ambas partes, pues hubo un cariño especial y siempre lo habrá; no me cabe la menor duda que ambos se llevarán en el corazón toda la vida. Siempre quedarán los recuerdos aunque supongan dolor y llanto.
¿Podrá el tiempo volverlos a juntar y cambiar el final de esta historia? Eso es cosa del destino, el mismo que un día ya unió sus caminos, pero ahora mismo sólo se puede decir:
“Triste final para una historia tan bonita, sincera y pura. Un beso, un abrazo, un adiós y muchas lágrimas”.


Como canta Orozco tengo tres corazones, tres corazones, en mi caso el mío y los de ellos dos aunque ya no dan tirones, o sí?.

Mi último guiño para esa persona tan especial:
“No llores más preciosa mia”.

Suerte para ambos.

martes, 30 de enero de 2007

Querer es poder, o no

Quise estar
quise escuchar
quise confiar
quise querer
pude.

Quiero creer
quiero esperar
quiero acabar
quiero olvidar
no puedo.

domingo, 28 de enero de 2007

Hoy

Hoy no ha llovido

aún así ante mi un charco

que mis lágrimas han formado,

yo temeroso por miedo a ahogarme

los recuerdos me impiden alejarme.

martes, 23 de enero de 2007

Pañuelo de papel

Las lágrimas me abandonan y en su descenso parecen surcar mi rostro en busca de un camino fácil ya que la huída es complicada, pero afortunadas ellas que dejan atrás estos sentimientos que mi corazón tendrá que soportar ahí en el lado izquierdo de mi pecho, tan solo y abandonado al que ni mi cerebro consuela ya, pues le sigue mandando pulsos para que continúe con su agonía, larga agonía. Podía ser condescendiente y practicarle una eutanasia rápida que acabara con su dolor. Las lágrimas tuvieron más suerte, fueron las primeras en abandonar el barco antes de su hundimiento. Ahora son náufragos en busca de tierra firme. Las habrá que encontrarán una isla en la que acomodarse, tal vez un pañuelo de papel al que transmitir la soledad, tristeza y desolación de los motivos que las obligaron a escapar antes de tiempo. Gran aliado ese pedazo de finas capas que da su vida para acoger el sufrimiento que las gotas saladas le ceden y llegado el momento no puede con tanto peso, acaba empapado, arrugado, consumido y sin más ayuda que poder otorgar es tirado y abandonado con tanta pena en su interior. Triste final para tan inocente y necesario trocito de papel que sin pedirnos nada a cambio estuvo dispuesto a consolarnos y ahora que se encuentra en problemas, en su peor momento, nos deshacemos de él y ni siquiera tenemos una palabra de agradecimiento para amigo tan grande en tamaño tan reducido, pero ese era su cometido, para eso lo queríamos, usar y tirar aún sabiendo que es necesario y algún día necesitaremos otro. Pese a todo se sentirá orgulloso de esa ayuda que nos prestó.
Gracias, mil gracias, por las veces que no lo hice antes y por las que no lo haga. Pese a todo siempre se puede contar con uno de ellos.

martes, 16 de enero de 2007

Otro día

Como cada noche te he imaginado a mi lado, acariciando tu pelo, besando tus labios, recorriendo tu cuerpo como un pirata en la isla de sus fantasías buscando el tesoro, pero yo no necesito mapa, ni encontrar un árbol o una roca, ni contar pasos, lo recorro entero sin miedo a perderme, ya estoy perdido. Es lo malo de soñar despierto. Otra noche más, y un nuevo día que no veo amanecer, el horario que me impongo lo impide, claro que es necesario pues desde que me introduje en mi cama no he hecho otra cosa que recordar y llorar, llorar y recordar, y el poco tiempo de descanso que me acompañó fue tardío y por agotamiento. Descanso que podría algún día de estos ser eterno.
Y la larga jornada que se presenta por delante no me consuela en absoluto, más horas para repasar ese tiempo anteriormente acontecido. Todavía no me he despojado de las sábanas que parecen querer protegerme, aún percibiendo su frialdad al menor movimiento en busca de otra postura absurda que me haga olvidar, y me invade el miedo a hacerlo ya que afuera este invierno se me antoja aún más triste. Pienso en la opción ir de compras, que es época de rebajas, esa vorágine de consumo accidental alimentada por la necesidad de olvidar las fechas recién pasadas en las que cumplíamos con las tradiciones festivas de tales días, a ver si encuentro el mapa de mi ínsula para ir en búsqueda del tesoro aunque sólo me cabe albergar la única esperanza de hallar restos del naufragio que traerán las olas. Es dura la cuesta de enero. Preveo un año de ascenso continuo, necesitaré engranar marchas cortas para afrontarlo. Momento de duda y reflexión. Definitivamente no lo haré, me quedaré en mi lecho, a ver si tengo suerte de conciliar el sueño y de este modo mi materia gris, o a saber de que color ya de tantas veces que he intentado sanear, se relaje un poco por medio natural antes de que sufra alguna secuela sino lo ha hecho ya pues lo tengo algo adormecido de tanto analgésico. Tampoco veré hoy el ocaso del sol, la oscuridad ha reinado durante todo el día aquí en mi pequeño refugio. A ver si consigo ese descanso que tanto anhelo, por qué no hoy, o mejor aún, por qué no ahora. Mañana será otro día…

viernes, 12 de enero de 2007

Tú

En mi tristeza tu sonrisa,

en mi melancolía tu caricia,

en mi angustia tu mirada,

en mi desánimo tu palabra,

en mi desolación tu beso,

en mi nostalgia tu abrazo,

en mi soledad tu compañía,

en mi pensamiento tu recuerdo,

en mi añoranza tu ausencia,

en mi corazón siempre tú.

sábado, 6 de enero de 2007

Regalos necesarios

Noche de Reyes, día de regalos. Un juguete, un perfume, una prenda, una joya… regalos materiales. Un beso, un abrazo, un “te quiero”… regalos necesarios. Nunca fui persona de reyes, ni siquiera de reinas. Prefiero las princesas de cuentos de hadas, esas que besan las ranas y se convierten en príncipes, o las que tras algún hechizo necesitan ser besadas para despertar de un sueño eterno. Aún espero la mía, alguna sin miedo a besar batracio tan feo o que esté sumida en esa pesadilla anhelando mi beso, a esa que yo convertiré en reina y ser persona de reyes para agasajar con regalos de los necesarios durante todos los días del año.

Desde este rinconcito lanzo besos, abrazos y cariño para todos aquellos que los necesiten y estén en disposición de recibirlos.

viernes, 5 de enero de 2007

Toda una vida por delante

Sonó el despertador, aunque no hubiera hecho falta, no había dormido en toda la noche. El día anterior fue de intensas emociones, el médico se lo había confirmado. Era una chica joven, 17 años, con toda una vida por delante. Preciosa. No hubiera necesitado maquillaje, pero las ojeras delataban su escaso descanso. Pese a ello iría más guapa que nunca. Se preparó para la cita. De camino al lugar de encuentro se fijaba en la gente, pero la gente en ella apenas lo hacía, salvo algún que otro hombre para admirar su belleza, aún así no podían notar nada. Su cabeza no paraba de pensar en la manera de darle la noticia. Tuvo que parar frente a un coche de lunas tintadas para en el reflejo comprobar si la lágrima que acababa de abandonarla había deteriorado el maquillaje. Por fin llegó. Él ya la estaba esperando. Guapo y discreto, como siempre. Las dudas sobre cómo comunicárselo desaparecieron al instante, esas serían sus primeras palabras, era lo mejor. A él la noticia le impactó, su rostro reflejaba incredulidad. No sabía qué hacer ni decir, pero tampoco le hizo falta pensar demasiado. Tenía un amigo médico en una clínica privada importante de la ciudad. Sacó una tarjeta que llevaba en el bolsillo, se la entregó. Aún estaban a tiempo. Ella no pudo contener las lágrimas, el dolor acababa de romperle el corazón. Echó a correr. No quiso ni decir adiós. En su regreso, el vehículo que le sirvió de espejo ya no estaba, pero no reparó en ese ínfimo detalle, no le hacía falta comprobar el estado del maquillaje. Su aspecto ya no importaba, era lo de menos. Se encerró en casa. No quiso saber nada de él. Necesitaba estar sola. Fueron días difíciles, pero pronto se rehizo. Tenía que luchar, ahora más que nunca. A su familia la noticia no les había inquietado menos, pero ellos estarían a su lado. Los meses siguientes los chequeos fueron constantes. Ella se encontraba bien, aunque alguna que otra vez tenía dolores y vómitos. Algo normal le habían indicado.
El invierno estaba siendo muy duro. Era víspera del Día de Reyes. Se encontraba realizando las compras de los últimos regalos de su lista en una de las muchas tiendas de un centro comercial. Repentinamente sintió un dolor tan intenso que le pareció podía morir allí mismo. La gente se arremolinó en torno a ella. La ambulancia no tardó en llegar, pero pese a su pronta actuación no creían llegarían al hospital a tiempo. De camino las sospechas se confirmaron. Había dado a luz allí mismo. Ese era su regalo. Le pareció el bebé más bonito del mundo. Cuando lo tuvo en sus brazos se sintió orgullosa. Él llevaría sus mismos apellidos.

martes, 2 de enero de 2007

A esos ojitos

Apenas nos conocimos

la primera vez que nos vimos

ni recuerdo las palabras

que entonces nos dirigimos

mi mente estaba ocupada

en cautivar tu mirada.

Aún hoy de ti no sé nada

sólo una idea muy clara

azul celeste, qué bonitos

me llegan hasta el alma

cual dos bellos angelitos

esos tus dos ojitos.


lunes, 1 de enero de 2007

Más palabras

Son tiempos difíciles. Siempre lo han sido. Una paliza sigue siendo paliza, las balas siguen siendo balas, las bombas siguen siendo bombas, las guerras siguen siendo guerras y parece que no acabamos de darnos cuenta que las palabras siguen siendo palabras, la única manera posible del entendimiento, porque en las batallas no gana nadie, no hay vencedores sino vencidos, todos perdemos esa guerra y quien más la razón humana. Desde que el hombre es hombre el mundo dejó de ser mundo.
Porque algún día el diálogo sea el único arma. Aunque sea una utopía si todos creyésemos en ello sería más factible. A mí me apetece gritar:
¡Por una vida sin violencia!

Primera lección

Abro este blog con mi mejor intención y sin saber si seré capaz de mantenerlo actualizado, pues mi conocer para el arte de la escritura es nulo, sólo alimentado por la motivación de intentarlo aún sabiendo que es complicado. Perdón por adelantado para los que saben de esto; de un novato que siempre llevará "L".
Desde aquí felicitar a todos aquellos que escriben en alguno pues aún no habiendo leído de ellos, sé que todos y cada uno de ellos es digno de admiración.