Esta historia es muy cercana, y he querido ser fiel al día que la escribí y como tal publicarla, aún sabiendo que es difícil y que ni el tiempo ni el destino los volverá a juntar.
Pese a todo la esperanza es lo último que se pierde.
Hay veces que el destino nos depara lo que menos podemos esperar. En esta historia cómo una pancreatitis aguda y el comienzo de unas prácticas de enfermería hizo que dos personas se conocieran. Ese fue el inicio de una hermosa amistad, que tuvo su primera conversación en la sala de TV de la planta baja derecha y no porque quisieran ver la tele, que permaneció apagada, sino porque aquellas almas estaban destinadas a ayudarse.
Los encuentros continuaron, eso si a través de las nuevas tecnologías que tanto ayudan a mantener el contacto, pero un contacto algo engañoso, pues no tiene el aura del encuentro cara a cara y del cruce de miradas, uno de los momentos más intensos que por mucho que avancen los tiempos será insustituible. A pesar de todo fue una amistad sincera y pura, basada en la confianza mutua; se contaron mucho, se contaron todo. Demasiado bonito para ser cierto, y como nada es perfecto alguien tuvo que equivocarse y a veces enamorarse es el mayor error, sobre todo cuando la persona que ama no está preparada para hacerlo, no es correspondido y realmente no lo supera, y consigue que la amistad se vaya apagando hasta hacerse la oscuridad.
Ellos estén donde estén han llorado demasiado por ello, y aunque llorar es bueno en ocasiones, al fin y al cabo es lo primero que hacemos al nacer, duele. Cuando se llora lo de menos son las lágrimas, lo importante es el sentimiento que va por dentro y en este caso era mucho por ambas partes, pues hubo un cariño especial y siempre lo habrá; no me cabe la menor duda que ambos se llevarán en el corazón toda la vida. Siempre quedarán los recuerdos aunque supongan dolor y llanto.
¿Podrá el tiempo volverlos a juntar y cambiar el final de esta historia? Eso es cosa del destino, el mismo que un día ya unió sus caminos, pero ahora mismo sólo se puede decir:
“Triste final para una historia tan bonita, sincera y pura. Un beso, un abrazo, un adiós y muchas lágrimas”.
Como canta Orozco tengo tres corazones, tres corazones, en mi caso el mío y los de ellos dos aunque ya no dan tirones, o sí?.
Mi último guiño para esa persona tan especial:
“No llores más preciosa mia”.
Suerte para ambos.
martes, 6 de febrero de 2007
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